La fuente de la juventud
7 mayo 2012 a las 17:49 | Escrito en Relatos-poemas | Deja un comentarioÉrase una vez un chaval normal, tal cual, ni muy extraordinario ni mediocre. El chaval se llamaba Eric y
tenía 17 años. El sueño de Eric desde pequeño era ser arqueólogo. Él soñaba con descubrir alguna ruina o un fósil prehistórico cuando fuese mayor. No encontró ninguna de las dos cosas pero a los veinticinco años consiguió ser un gran arqueólogo y un experto caza tumbas.
Un día estaba en casa y lo llamó un amigo de la infancia, Luis. Le contó que quería ir con él a la selva a ver si descubrían algún animal o planta de alguna nueva especie. El propósito de Luis no era ese pero Eric no sabía lo que se traía entre manos. Luis quería aprovecharse del gran conocimiento de la sabana que tenía Eric. Era uno de sus lugares favoritos del planeta. Luis quería encontrar la famosa fuente de la juventud gracias a una tribu que conoció una vez en una expedición que hizo en la selva.
Zarparon en un pequeño barco de pesca que habían alquilado a un viejo pescador de la zona. Tardaron tres días en llegar a su destino. Se adentraron en la selva gracias a una brújula que tenía Luis. En el camino se encontraron con una tribu caníbal que los retuvo y tuvieron que estar meses como esclavos.
A los seis meses, una de las personas de la tribu, un anciano, que parecía tener mucha vitalidad, les abrió la celda y les dijo que le siguieran. Llegaron a una zona muy extraña. De repente vieron una luz azul y una pequeña fuente que relucía bañada de oro. Luis se volvió completamente loco por conseguir el agua de la fuente pero el anciano lo detuvo con un empujón en el pecho. Entonces Luis sacó una navaja, se la clavó en el pecho y lo dejó caer. Eric lo agarró entre sus brazos y contempló como Luis bebía de aquella agua. Eric estuvo un rato con el anciano entre sus brazos. Éste le dijo que no tendrían que haber venido a este lugar por que la gente de su tribu tarde o temprano se enterarían de lo que había hecho Luis. Luis ansioso por beber de aquella fuente reluciente sacó una botella de latón y empezó a llenarla. De repente Eric se levantó y le dijo a Luis que estaba loco por lo que estaba haciendo pero Luis no le hizo ni caso, le dio un empujón y se fue corriendo entre los arbustos y palmeras que había por allí. A Eric le dio igual y se quedó con el anciano.
Luis encontró una pequeña balsa en la playa y decidió huir con ella porque si cogía el barco que habían alquilado haría demasiado ruido y se enterarían de que se iba a escapar.
Eric cogió entre sus brazos al anciano y lo llevó hacia la aldea para que su gente lo curase. Cuando llegó a
la aldea estaban todos los de la tribu asustados porque iba a morir uno de sus aldeanos más sabios. Eric recordó que en la petaca de Luis quedaba un poco de agua de la fuente. La había recogido del suelo y guardado en su mochila cuando Luis le dio el empujón. La sacó de su mochila y se la dio al anciano para que bebiese. De repente la herida del anciano se empezó a curar y éste empezó a tomar color y a recuperar el aliento. Eric no se detuvo ni un momento en pensar donde estaría Luis.
Luis se adentró en una corriente de agua muy fuerte, su balsa volcó y se quedó nadando en el agua, diez minutos después estaba tan cansado que se ahogó.
Eric se despidió de los aldeanos y decidió irse a su casa para escribir aquella noticia tan emocionante que le había ocurrido en esa semana.
José Antonio Aljarilla Martos 3º de ESO
A Elena
2 mayo 2012 a las 09:32 | Escrito en Relatos-poemas | 16 comentariosElena te fuiste
de mi vera
como el caminante
por la vereda.
Camino andante
amante de mi
amor me dejaste.
Sabor y amargor
en los labios al
irte y marcharte.
Noté como mi
amor por ti, terminó
por marchitarse.
Alejandro Torres 3º ESO B
Al volante
24 abril 2012 a las 20:14 | Escrito en Relatos-poemas | 11 comentariosAlex Kash era un policía atormentado por su vida y por sus acciones en el pasado.
Un buen día, Alex fue ascendido gracias a la resolución de su caso anterior.
Ahora Alex trabajaba en la división de tráfico.![]()
Su primer caso ocurrió en una estación de ferrocarriles donde apareció un coche repleto de sangre y sin cadáver a la vista.
Alex, tras echar un vistazo en el interior del coche, miró en el maletero y se encontró con el recibo por la compra de un cerdo vivo, dentro de la cartera de la supuesta víctima. En la cartera aparecía la dirección de la víctima. Alex y su compañero se dirigieron hacia la casa de la víctima.
Ya en la casa, encontraron una caja de cerillas del bar Cavanagh’s e interrogaron a la esposa de la víctima.
Se dirigieron al bar Cavanagh’s ya que sospechaban sobre aquel lugar y preguntaron por Thomas, el nombre de la supuesta víctima. Preguntaron al camarero y les dijo que su socio se encontraba en la mesa del final. Ellos se acercaron y preguntaron al amigo de la víctima, el cual confesó y les dijo todo a los detectives.
Thomas estaba oculto en la casa de su amigo y les dijo a los detectives que él estaba allí porque se quería divorciar de su mujer y no sabía como actuar ante esa situación.
Al ser robado el coche de la escena del crimen, Thomas fue acusado de robo y de estafa a la policía por trabajar en un caso sin víctima.
El socio de Thomas se sintió mal por ello y confesó que el recibo del cerdo vivo era porque él lo compró. Esa era la causa de tanta sangre dentro del coche.
Finalmente él fue detenido por ser cómplice.
Ahora Alex trabaja en la división de Antivicio intentando limpiar las calles.
Vicente Ruiz Puerta 3º de ESO
Macarena, la chica con dislexia
18 abril 2012 a las 18:00 | Escrito en Relatos-poemas | 13 comentariosEn Londres, había una chica llamada Macarena. Ésta era especial de un modo u otro. Tenía dislexia. La chica tenía quince años, era alta, rubia, con ojos verdes, etc. era muy guapa. La pena era que tuviera tal enfermedad, la dislexia. Estaba en 3º de ESO y las cosas se le hacían cada vez más difíciles.

Siempre se despertaba con el miedo de que la sacaran a leer en voz alta y se rieran de ella en el instituto por su enfermedad.
Su tutor, que la notaba rara, llamó a la madre de Macarena. Elia le contó al profesor el problema de su hija Macarena. La mejor amiga de Macarena, que estaba escuchando detrás de la puerta, lo oyó todo y se fue corriendo muy enfadada. Pasó el recreo y terminó la charla del tutor con la madre de Macarena. El profesor se llevó a un rincón a Macarena e hicieron un pacto: sería Macarena la que le hablara de su enfermedad a la clase cuando estuviera preparada.
Su mejor amiga la esperó a la salida para hablar con ella y preguntarle porqué nunca le dijo nada. Macarena empezó a llorar y entre sollozos le contó que no quería que nadie la mirase raro por su problema ni quería que le dieran un trato especial.
Al día siguiente se sintió animada para contar lo que le sucedía a toda su clase. Todos comprendieron porqué confundía las cosas, la entendieron y le dieron un abrazo. Incluso le aplaudieron por la valentía que tuvo al contar su problema, quedaron sorprendidos al ver la confianza que Macarena depositaba en ellos. El profesor, orgulloso, también le dio un abrazo.

Pasado el tiempo todo le iba mejor.
Diana Ferrer 1º de ESO
El otro mundo (2ª parte)
11 abril 2012 a las 19:08 | Escrito en Relatos-poemas | 2 comentariosComo David ya no podía seguir se quedó el último. El dragón lo iba a alcanzar. Los otros intentaron ayudarle pero el conejo, que los acompañaba desde el principio, les ordenó que tenían que seguir con su viaje e intento de regresar a casa. Cuando estaban a salvo el conejo les comentó:
- Todavía hay mucho que ver pero no sé si os va a dar tiempo. Aunque no os lo creáis, después de todo lo malo que habéis visto, este mundo también tiene maravillas que la tierra no tiene. Venid al campo de flores. Está lleno de flores rosas y cada diez segundos desprenden un agradable perfume. También podemos ver los pueblos de los cuatro elementos. Este espacio está dividido en cuatro partes. La primera es el pueblo de agua, la segunda corresponde al pueblo de fuego, la tercera al de tierra y la cuarta al pueblo de aire. Es maravilloso de ver. También tenemos el parque de los unicornios.

De repente los chicos vieron a David. Pero… ¿cómo era eso posible?
- ¡Hola chicos! Soy yo, sano y vivo.
David les contó:
- El dragón solo estaba herido y yo lo he curado. También me ha dicho como regresar a casa. Tenemos que ir al mar verde y allí decir todo a la vez en voz alta donde queremos llegar.

Se despidieron del conejo y después de un largo viaje muy difícil, porque David no estaba del todo recuperado, llegaron a casa y vivieron felices por la historia tan inolvidable que habían vivido.
FIN
Marcel Micu Mihai 1º de ESO
Una tarde de verano
9 abril 2012 a las 19:10 | Escrito en Relatos-poemas | 14 comentarios
Érase una vez dos jóvenes adolescentes muy enamorados.

Una tarde muy calurosa del mes de junio mis padres llamaron a los suyos para pasar la noche de San Juan juntos. Ella y yo no nos conocíamos bien solo habíamos tenido unas cuantas miradas. Ese día, 24 de junio de 2010, íbamos rumbo a la playa de Costacabana. Nos bajamos del coche y empezamos a mirarnos fijamente. Estábamos muy avergonzados pero con el paso de las horas empezamos a hablar muy tímidamente. Y ella me dijo:
- Vamos al agua.
Yo contesté:
- Vamos.
Fuimos agarrados de la mano, se aproximaba el atardecer. ¡Qué romántico y maravilloso era todo! Nos
salimos del agua y empezamos a andar por la orilla. Las olas se escuchaban al golpear contra la arena. Al llegar la noche nos sentamos juntos en la toalla y empezamos a hablar de nuestras cosas. Nos contagiábamos nuestras risas. Al terminar la noche le dije:
- Vamos a quedar mañana.
Y ella me contestó:
- Sí.
Al día siguiente me estaba acercando tímidamente a su casa, toqué a su portero y ella me preguntó:
- ¿Quién es? – con su voz tan dulce como su rostro reflejaba diciendo quién es.
Yo contesté:
- Soy Rubén, baja.
Ella contestó:
- Voy, espérame.
Yo, abajo estaba ansioso porque ella bajara para verla. Me asomé a la puerta, venía muy guapa y arreglada. Abrió la puerta y saludó:
- Hola.
Yo, solo pude contestar:
- Hola.
Los dos estábamos muy cortados. Le pregunté:
- ¿Nos sentamos en el parque?
Y dijo que sí.
Iban pasando los minutos y la tensión era cada vez mayor. Me decidí a declararme, le cogí la mano y le dije:
- Me gustas mucho. ¿Quieres salir conmigo?

Ella sonriente me dijo que sí y nos dimos un fuerte abrazo y un beso. Y al cabo de días, meses y años seguimos juntos.
Rubén Maza Hernández 3º ESO B
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