ÚNICO / SOLO

21 febrero 2008 a las 22:52 | Publicado en Botijo | Deja un comentario
Tuvo la sensación de que su alma era abatida por uno de esos misiles anticarro y, como la ubicación del alma era para él un enigma, sintió la propagación de la onda expansiva que, al igual que el uranio empobrecido, avanzaba letal por su cuerpo, separándose del dolor que le producía aquella herida por otro tipo de dolor, más diáfano, pero feroz. Así, tal sensación llegó a su cerebro, donde halló por casualidad la confusión, que pronto se adueñó de su dolor para convertirlo en angustia y desazón. Corrió hacia la ducha, donde giró al máximo el grifo del agua caliente; parecía pretender borrar las ideas, por la vehemencia con que se frotaba el cuero, sin caer en la cuenta del dolor de cabeza que aquel acto le provocaría. Salió de la ducha y se paró frente al espejo empañado; aquella imagen difusa que se proyectaba frente a él era el reflejo de su actual estado de ánimo. Pasó así unos instantes, observándose ausente. Mientras tanto, su figura cobraba nitidez en el espejo sin que realmente él tuviese esa imagen de sí mismo en su mente.

soledad1.jpg

De repente, se abalanzó con violencia sobre el cepillo de dientes, al que olvidó darle sabor con aquella pasta que la noche anterior había olvidado cerrar y que ahora, como él, tenía la boca reseca. Abrió el grifo del lavabo y dejo correr el agua mientras se frotaba los dientes con la misma violencia con la que antes se había frotado la cabeza, llegándole a sangrar las encías; quería borrar las palabras que por aquel conducto habían fugazmente habitado y que le había deportado a tal situación. Se sentía ajeno a sí mismo, y a su actual situación. que le dolía profundamente al saber que él era el unico y verdadero culpable, su actual decrepitud psíquica se proyectaba con total realidad y fidelidad en su físico. Había sido una persona de éxito, pero incapaz de analizar y asimilar correctamente el paso del tiempo. Se dejó caer al suelo del espacioso cuarto de baño y allí, sentado, con la mirada fija en el techo rompió a llorar, esta vez sin preocuparle las posibles ojeras. Había pasado de ser un hombre único a ser un hombre sólo…

 

MANOLO

A Juan José Millás por ser el título de una de sus obras, “La soledad era esto”, el germen de este “solitario” relato.

 

 

 

 

 

 

 

 

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