CUENTO: LA MUERTE

13 mayo 2008 a las 12:27 | Publicado en General | Deja un comentario

Autora: Aracelis Perez García. Grado medio. Atención sociosanitaria. Turno de tarde.


Érase una vez, una niña de 6 años, que al perder a sus padres en un trágico accidente, se fue a vivir con su abuelo. Un buen día, mientras el abuelo cocinaba, Rocío que así se llamaba la niña, se le acercó y preguntó:

-Abuelo ¿qué es la muerte?-

El abuelo sorprendido más por que la niña le hablara después de largo tiempo callada, que por la pregunta en si, no sabía que responderle, aunque al no querer callarse por miedo a que la nieta volviera a quedarse en su estado de mudez anterior, le respondió lo primero que se le ocurrió:

-Es cuando la gente va al cielo, pequeña-

-¿Acaso mamá y papá están en el cielo?- preguntó Rocío.

-Pues claro, pequeña- respondió confiado el abuelo.

-Entonces abuelo, si nos subimos a un avión ¿podremos verlos?- volvió a preguntar inocentemente la niña.

-Verás pequeña, eso no puede ser- dijo algo incómodo el abuelo.

-¿Por qué?, las nubes están en el cielo y yo puedo verlas, entonces si mamá y papá también están en el cielo, yo también podré verlos, como veo a las nubes ¿a que si abuelo?- insistió ella.

-Lo que pasa es que los que van al cielo se vuelven invisibles, por lo que nadie puede verlos- le inventó el abuelo.

-Y abuelo ¿por qué les pasa eso a los que mueren?-

El abuelo viendo que cualquier respuesta que le diera, solo valdría para suscitar nuevas incógnitas infantiles, decidió responderle con algo parecido a la verdad:

-La muerte, pequeña, es lo único en la vida a lo que no se le puede dar respuesta-

-Y ¿eso porque?- volvió a preguntar con insistencia Rocío.

-Pequeña, lo siento pero eso nadie lo sabe- le contestó angustiado.

-Pero ¿ por qué?-

-No te puedo responder, entiéndelo pequeña- suspiró -anda ve y pon la mesa, que vamos a comer- acabó diciendo el abuelo.

Con el paso de los días, el abuelo se dio cuenta de que Rocío volvía a su silencio de siempre de forma todavía mas alarmante.

Recordando la extraña conversación que tuvieron hace poco, comprendió con preocupación que si su nieta no obtenía respuestas satisfactorias para sus preguntas se quedaría sumida en un mundo oscuro donde vería a la muerte como una enemiga capaz de arrebatarle todo lo que tenía y apreciaba, temiéndola cada instante hasta el fin de sus días. Decidido a encontrar una solución, llamó a la psicóloga del colegio para pedirle que hablara con la niña sobre este peligroso e incomprensible problema.

Al día siguiente, después de la escuela, la niña llegó a la casa con la sonrisa mas brillante nunca vista en su cara, parloteando sin cesar sobre como le había ido el día por primera vez desde que vivía con él. El abuelo no queriendo interrumpir el nuevo comportamiento de su nieta y por miedo a decir algo que parara esta mejoría se abstuvo de preguntar que había logrado el buen cambio.

Así los días pasaron, dejando en el olvido a la niña melancólica e infeliz que había sido Rocío, poniendo en su lugar a la niña normal y alegre que era antes. El abuelo al detectar estos cambios tan gratificantes en el comportamiento de su nieta, y viendo que cada vez iba a mejor, un día ya por curiosidad le preguntó:

-Cariño ¿qué te dijo la psicóloga?-

-¿Qué psicóloga?- preguntó a su vez Rocío.

-Me refiero a esa chica que el otro día se acercó a ti en el recreo y mantuvo una charla contigo-

-Ahhh, ya me acuerdo-

-¿Qué fue lo que te dijo pequeña?- volvió a preguntar el abuelo.

-Bueno abuelo, yo antes estaba un poco mal y me sentía muy triste, pero por suerte , aquél día, esa chica me dio un cuento, y ahora lo entiendo todo- contestó Rocío mientras iba a la mochila y lo sacaba -Ten abuelo, a ti también te hará bien leerlo-

Así comienza:

Hace mucho, hubo una época en que la muerte se cobraba una víctima a cada instante por enfermedades tan raras y malignas como la peste. Daba igual que fueras rico o pobre, que fueras un príncipe o un mendigo, porque nadie se le escapaba. Era la enemiga común de amigos y enemigos. Tan temida era que el terror anidaba en los corazónes de los que por aquél entonces vivían. La muerte traía desolación y tristeza a los familiares y dolor y agonía a los moribundos. Nadie la entendía, el porque de ese fenómeno era incomprensible para aquellos que osaban pensar en cuál era su cometido.

Hasta que un día, una niñita llamada Sofía, cayó enferma como tantos otros , sin esperanza posible, sin remedio que le valiera.

Cuenta la madre que en sus últimos días estaba tan mal que deliraba o eso pensaba ella:

-Muerte, muerte- decía sin parar- ¿Por qué me llevas, a mi, que soy tan pequeña y no he visto casi nada de este mundo-

La madre odiaba escucharla, pues para ella , las palabras sin sentido de su hija no eran mas que un mal augurio, el fin de su hija se acercaba.

Entonces una noche mientras la madre dormitaba al amparo del sueño de su hija, ésta con voz alegre dijo:

-Mamá, no temas más, al fin me ha contestado-

La madre asustada se fijó en que por vez primera su hija la miraba directamente a los ojos, algo imposible ya que era ciega.

-¿Quién te ha contestado?- preguntó con los ojos húmedos.

-Mamá, yo no paraba de preguntarle muerte, muerte, ¿por qué me llevas?, yo, que todavía soy pequeña, ¿por qué me alejas de mamá?, yo que no he visto casi nada de este mundo. Obteniendo como repuesta solo su silencio, pero madre, por fin me ha contestado- aseguró Sofía.

-¿Y que te ha dicho cariño?- se atrevió a preguntar la madre. Entonces Sofía emitió una sonrisa que de lo bonita que era, el corazón de la madre se encogió:

-Mami, ella vendita sea me contestó: tú eres una elegida. ¿elegida para qué?, pregunté yo. Y ella respondió: Te espera una aventura mas grande que esta vida, tú eres la elegida para guardar las puertas a tu madre, yo no soy una enemiga como tantos creéis, mi cometido es elegiros para que valláis a esperar y guiar a vuestros seres queridos en el otro mundo, siempre ha de haber alguien esperando, si no, no habría continuación Viendo que se callaba, volví a preguntarle: ¿quién me espera a mi?, y escuché: es una sorpresa, pero recuerda, siempre hay alguien esperando, así que mamá no desesperes, y recuerda que te espero al otro lado- terminó diciendo Sofía y de su boca ya no salieron más palabras, pues aquella noche murió.

En el funeral, la familia no podía creerlo, la madre se veía feliz, y a todo aquél que se atrevía a preguntarle el porque de esa extraña felicidad, ella contestaba: mi hija me está esperando”.

Cuando el abuelo terminó de leer el cuento, tenía lagrimas en los ojos. Rocío se le quedó observando y contenta le dijo:

-Abuelo recuerda, siempre hay alguien esperando-

FIN

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