Relato: “Amor sintéctico”. Juan Carlos Pastor

4 septiembre 2008 a las 12:48 | Publicado en Relatos-poemas | Deja un comentario

La tarde era suave y tranquila, podría decirse que aquel era un típico día estival. Las aguas del lago reflejaban en su calma un sol camino del ocaso, cuyos destellos creaban una atmósfera irreal y, a la vez, mágica.

Allí, en la orilla del lago, entre la espesa hierba, podía verse a una pareja disfrutando plenamente de los dones de la naturaleza. Ella era rubia, alta y tan bien formada que cualquiera hubiera creído ver un espejismo al contemplarla; él, sin embargo, no podía estar demasiado orgulloso del trabajo que hicieron sus progenitores, pero aún así allí estaba junto a tal preciosidad.

La rubia escurrió una mano entre la hierba, y en un rápido ademán comenzó a acariciar el velludo torso de su compañero, a lo cual éste dio un respingo por lo inesperado de la acción.

“Alis, no comprendo que es lo que estás haciendo”, dijo él con una expresión un tanto sorprendida.

Ella se limitó a sonreír cariñosamente, tras lo cual le respondió, “¿Por qué te enfadas Marvin?, ¿No fuiste tu quien propuso dejar hoy el trabajo del laboratorio para venir aquí?. Pensé que quizás te gustaría disfrutar de algo más que no fuese el campo…”

La cara de él se contrajo aún más en un gesto de incomprensión, el cual sólo se desvaneció en parte para responderle, “Alis, te juro que no se qué quieres decir; por favor no digas estupideces.”

Ella volvió a sonreír mientras decía, “No son estupideces; parece que no te has dado cuenta, pero en todo este tiempo que llevamos trabajando juntos he llegado a sentir por ti algo más que pura amistad, y sin embargo, tú nunca has demostrado sentir nada especial. Pensé que, tal vez, tu proposición de venir aquí hoy era lo que había estado esperando. Creo que debes saberlo: yo te amo.”

Se hizo el silencio, un silencio que parecía iba a romperse por sus miradas, pero no fue así. Él se limito a alargar su mano hacia ella, y con un gesto que denotaba dulzura, comenzó a acariciar su pelo. Ella asintió placenteramente a su gesto, y comenzó a acurrucarse junto a él.

De pronto, en un gesto fugaz, la mano de Marvin asió la nuca de Alis, dejándose escuchar un crujido seco.

Allí estaba él, mirando como se había quedado ella con los ojos muy abiertos y sin vida alguna; y como su boca permanecía abierta mientras su cuerpo flácido e inmóvil yacía en la hierba.

Así, y tras unos momentos de profunda reflexión, Marvin no pudo más que exclamar : “¿Por qué será que todas mis creaciones tienen que acabar enamorándose de mi?. En fin, este debe ser el castigo por haberme dedicado a la ingeniería cibernética”.

Dejar un comentario »

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.
Entries y comentarios feeds.

A %d blogueros les gusta esto: