Cuentos de Navidad

17 diciembre 2008 a las 23:01 | Publicado en Relatos-poemas | 1 comentario

NAVIDAD EN EL EXTRANJERO

Miguel trabajaba en una pequeña tienda de souvenirs, herencia de su familia. Estaba situada en Segovia, al lado del típico acueducto, el negocio siempre había funcionado bien: estaba en el mejor lugar de la ciudad, todos los turistas que visitaban Segovia compraban algún regalo, por mínimo que fuese, y siempre acudían a la tienda de Miguel, se llamaba “El Acueducto”.

Miguel tenía una familia maravillosa, una mujer que para él era el centro de su vida, sin dejar atrás a sus dos hijos, Javier y Marta. También tenía un perrito, Trufa, llamado así por su color negro.

El problema empezó a mitad del 2006, cuando comenzó la crisis o desaceleración económica, que era lo que se decía. De repente, en un cerrar y abrir de ojos, Miguel se dio cuenta de que las ventas habían bajado por lo menos un 35%. Miguel predijo que la “desaceleración económica’’ no le iba a traer nada bueno…

Lo peor todavía no había empezado. En octubre se vio con la necesidad de cerrar el negocio, no tenía dinero para pagar la hipoteca, la luz, el agua… además, casi no le quedaba dinero para la alimentación de sus dos hijos. Entonces se planteó la idea de emigrar al norte, a Alemania, donde la crisis no había afectado tanto como en España. Sin más remedio tuvo que ir al norte a buscar trabajo.

Berlín, ya tenía el billete de avión en la mano. Miguel en estos últimos días, estaba muy preocupado, iba a lanzarse a una aventura incierta, dejando en España a su mujer, a sus hijos, a su tierra… Solo le quedaba una semana para coger el avión rumbo a Berlín, el 27 de Noviembre conocería un nuevo país con distinto idioma, distintas costumbres… y sobre todo, sin nadie a quien acudir. Miguel había visto varias propuestas de trabajo por esa zona y alguna en la que él era un especialista, sobre todo en el tema de los negocios, se le daba muy bien convencer a la gente sobre un producto y todos decían que era un hombre amable, culto, y con un vocabulario muy rico.

Ya había llegado el momento, última noche en España, aquella noche no pudo dormir, su mujer tampoco durmió, estuvieron hablando, recordando el pasado y disfrutando los pocos minutos que le quedaban juntos. El 26 de noviembre cogió un tren hacía Madrid, de donde salía su vuelo. Pasó la noche en un hotel de tres estrellas y a las diez de la mañana pidió un taxi para dirigirse a Barajas. El avión se retrasó media hora, Miguel estuvo hablando con su mujer sobre el hotel y como había pasado la noche. Cuando llegó el avión, Miguel se sentía muy nervioso y hasta con ganas de llorar. Él tenía la esperanza de volver pronto a España, de pasar la navidad allí, y de estar con su familia lo más pronto posible, pero no lo veía nada claro, no sabía cuando volvería a pisar este aeropuerto.

Miguel subió al avión, solo había volado tres veces, y en todas ellas tuvo una mala experiencia, tenía un poco de vértigo. Pero eso no era lo que más le preocupaba, le comía la conciencia no poder ver a su familia en un año por lo menos, a no ser que la pudiese ver en navidad. Llevaba en total unos cuatro mil euros de los ahorros que había conseguido en los últimos diez años. Pensaba utilizarlos para un alquiler en una pequeña casa de Berlín y para comprarle a su familia algunos regalos por navidad.

Al lado de su asiento había una señora de unos 30 años mas o menos, Miguel diría que de su misma edad. Se dirigía a Hamburgo, pero decidió hacer una parada en Berlín porque el vuelo salía de esta forma más barato, y por si acaso allí veía una buena oferta de trabajo. Conversaron en el avión, Claudia, que era como se llamaba, no tenía hijos, pero sí un marido. Trabajaba como secretaria de una oficina, pero despidieron a varias personas, entre esas personas estaba Claudia. Se le veía de aspecto humilde y bohemio, era agradable conversar con ella, a Miguel le empezó a caer bien y hablaron en el vuelo de su familia, de su pasado…

Cuando llegaron a Berlín, Claudia le dio a Miguel su teléfono por si necesitaba algo o para quedar un día de estos. Le dijo que quedasen antes del 20 de diciembre, que era cuando ella pretendía dirigirse a Hamburgo. En cuanto Miguel salió del avión, llamó a su mujer para decirle que todo había salido bien, para hablarle de su nueva amistad y para hablar con sus hijos.

Eran las 12 y media del día. Miguel no había comido en el avión, pero él no tenía hambre, aunque sabía que en Alemania se comía más pronto que en España, como en la mayoría de los países europeos. Pronto encontró un pequeño piso en alquiler, la casa era pequeña, tenía tres habitaciones: un salón-cocina, un cuarto de baño y un dormitorio en el que había una cama de matrimonio, un armario y una ventana que daba a la avenida de enfrente.

El piso era muy iluminado y Miguel tampoco se esperaba mucho más. El idioma no lo entendía para nada, era muy distinto al español. Él sabía hablar inglés y lo básico de francés, pero de ahí no salía. Sabía que le iba a costar mucho aprender el idioma y pensó de apuntarse a unas clases en las que le ayudasen a aprenderlo, pero no tenía dinero para lujos; el alquiler eran 500 euros al mes y entre la comida y las necesidades se gastaba unos mil euros al mes. Solo tenía cuatro mil euros que pronto iba gastando, así que tenía que buscar trabajo lo más pronto posible. Miró las ofertas de empleo, no tuvo éxito ninguno por la dificultad del idioma, al no saber alemán, no tenía muchas opciones.

Pasó una semana, todavía seguía sin trabajo. Decidió llamar a Claudia, quedaron en una cervecería de por allí cerca. Claudia le comentó que finalmente se quedaba en Berlín, le había salido una buena propuesta de trabajo y se encontraba muy a gusto en su piso que estaba en el barrio de al lado. Claudia le preguntó a Miguel si ya había conseguido trabajo y le dijo que si quería podía trabajar en el hotel “Puerta de Brandenburgo” que era el símbolo universal de la ciudad de Berlín. Él aceptó pero Claudia le dijo que tendría que aprender alemán lo más rápido posible. También le comentó que saber español era una ventaja para trabajar en un hotel fuera de España. Claudia estaba apuntada a unas clases de alemán aunque ya sabía algo sobre el idioma.

Miguel empezó el 15 de diciembre a trabajar en el hotel. Era uno de los mejores de Alemania, de cinco estrellas. Él trabajo consistía en limpiar el hotel todo el día, cuando supiese hablar alemán, podría ser recepcionista del hotel y ganar más dinero. Veía todos los días a Claudia que trabajaba en la recepción ya que sabía hablar algo de alemán. Por lo menos Miguel podía hablar allí con alguien, también, su mujer le llamaba cada día.

El 20 de diciembre Miguel se dio cuenta de que no tenía nada de dinero no podría viajar a España para pasar la Navidad. El día antes de la noche buena, que caía en viernes, Miguel estaba deprimido. No tenía ganas de ir a trabajar, y se sentía muy solo. Había estado muy poco tiempo en Alemania, tres semanas escasas, pero para él había sido como un año. Pocas eran las noches que dormía sin despertarse a la madrugada, y cada vez que pensaba en su familia, se le hacía un nudo en la garganta. Miguel era un hombre muy sensible y era la primera vez que estaba tanto tiempo separado de su mujer, de sus hijos… cada vez que pensaba que iba a pasar la Navidad solo se le saltaban las lágrimas.

Llegó el día de noche buena, todo el mundo estaba contento, los niños esperaban con ilusión a Papá Noel, ya que en Alemania no existían los Reyes Magos. Miguel tenía que trabajar hasta las diez de la noche, Claudia le llamó para invitarle a cenar a su piso, venía también su marido desde España, Miguel pensó que mejor pasar la noche buena en compañía que solo. Esa misma noche compró unos regalillos para sus hijos y un colgante de oro para su mujer, le costó el dinero del mes pero no le importó. Lo mandó por correo hasta Segovia, también les escribió una carta en la que ponía:

“Amor siento que no pudiese ir a España, no tenía dinero para el avión. La noche buena la voy a pasar con Claudia, ella también es española y por lo menos tengo a alguien a quien acudir cuando tengo un problema. La vida en Berlín es muy dura, ya sabes que estoy trabajando en un hotel pero no me ascienden a la recepción hasta que no aprenda el alemán. Todos los días pienso en vosotros y me encantaría estar allí en España y pasar las Navidades familia. Espero que os gusten los regalos, y que os lo paséis muy bien esta Navidad.

Con cariño, Miguel.”

Miguel paseó por la nieve del centro de Berlín hasta llegar a casa de Claudia. En la puerta de la casa de Claudia se dio cuenta de que el colgante de oro se había quedado en su bolsillo y no lo había metido en el paquete, pensó mandarlo más tarde. Entró en el piso de Claudia, esta y su marido lo estaban esperando. Su piso era precioso, en el centro de la mesa había un pavo asado, también había un árbol de Navidad, el mantel era rojo y también habían comprado unas velitas de colores que no quedaban nada mal. Miguel se sintió muy a gusto esa noche, resultaba que el marido de Claudia era de un pueblecito de Segovia, aunque los dos vivían en Madrid.

Aquella noche se acordó mucho de su familia, sin Claudia no sabía como habría pasado la navidad, por lo menos le consolaba que sus hijos estuviesen bien. En la cena hablaron de todo lo que vivieron en el pasado, de los proyectos que tenían de futuro, del trabajo en el hotel… a Claudia le iba muy bien de recepcionista y su jefe estaba muy contento con ella, a Miguel no es que le fuese mal del todo, pero eso de limpiar no le gustaba mucho y tampoco se le daba muy bien. El marido de Claudia les estuvo contando que consiguió un trabajo en un supermercado, dijo que no era en lo que a el le gustaría trabajar, pero estando todo el mundo en paro, no se podía pedir más. A Claudia le encantó esa noche, todos lo pasaron muy bien pero Miguel habría estado mejor con su familia. El pavo estaba buenísimo y de postre comieron un plato típico de Alemania.

Miguel trabajó los días que quedaban de Navidad hasta la Noche Vieja, noche en que Claudia se fue a Madrid con su marido y Miguel la tuvo que pasar solo. Los hijos de Miguel le mandaron un video en el que le decían lo mucho que le querían y que le echaban de menos. También contaban que se lo habían pasado muy bien en noche vieja pero que hubiesen estado mejor con su padre.

Miguel no pudo aguantar sus lágrimas y lloró en silencio, luego llamó a su mujer y le dijo que quería hablar con sus hijos. Dijo que les quería mucho, les preguntó que habían pedido para reyes y también habló con su mujer. Le dijo que no se preocupasen por él, que estaba bien y que intentaría volver pronto a España.

La navidad en Alemania era fría y con mucha nieve, pero no solo nevaba en Navidad, la mitad del año en Alemania hacía mucho frío y solía llover y nevar mucho. Quedaban pocos días de Navidad, la noche buena la pasó muy bien con Claudia, pero la noche vieja fue de las peores, estaba solo, no tenía ganas de hacer nada y se acostó muy temprano ya que al día siguiente tenía trabajo.

Miguel hizo en el hotel horas extras y le dejaron unos días de vacaciones, una semana, la última de la navidad. Miguel llamó a Claudia, ya había vuelto de Madrid y quedaron en la cervecería para charlar un rato. Claudia le preguntó cómo había pasado la noche vieja, él dijo que la verdad no muy bien, le contó que estuvo solo… también le dijo que no iba a poder ver a su familia en Navidad y que eso le daba mucha pena. A Claudia no le gustaba ver a su amigo así e intentó animarlo. Miguel le dijo a Claudia que estos últimos días los tenía libres, que podrían quedar para salir por Berlín, ella dijo que claro que quedarían y acordaron verse para mañana.

Al día siguiente Miguel pudo dormir más horas, y más o menos a la hora de comer, Claudia llamó a la puerta. Le dijo a Miguel que tenía un regalo de Navidad para él, Miguel no lo aceptó, dijo que era abusar de ella, pero Claudia hizo como que no le escuchaba y le dijo que lo abriese. El regalo estaba envuelto en un papel de Navidad y era muy pequeño, parecía un papel. Miguel abrió el misterioso regalo y vio un billete de avión con destino a Madrid. A Miguel se le saltaron las lágrimas y le dijo a Claudia que no lo tendría que haber hecho, Claudia le dijo que disfrutase esos días en España y que a la vuelta se lo contara todo.

Miguel ya tenía lo que quería, solo era para una semana pero podría ver como sus hijos abrían los regalos de los Reyes Magos. Miguel no le dijo nada a su familia de que iba, lo mantuvo en secreto, les quería dar una sorpresa, sabía que se ilusionarían mucho.

Por fin llego el día, ya estaba en el aeropuerto de Berlín, Claudia le acompañó, y allí se dieron una calurosa despedida. Miguel no paraba de repetirle “muchísimas gracias Claudia, no te tendrías que haber molestado, de verdad”. Claudia había encontrado un buen amigo entre millones de personas. Miguel se subió al avión y le dijo a Claudia que se verían dentro de una semana.

Miguel en este viaje lo pasó peor, no había con quien entretenerse, y encima tuvieron turbulencias a la altura de Francia. En cuanto entró en España se dio cuenta por sus relieves característicos, ¡por fin en España! Y todo gracias a Claudia. El avión aterrizó en Zaragoza debido a problemas técnicos y se retrasó una hora, para prevenir cambiaron de avión. Este nuevo era algo más grande pero de la misma compañía “Spanair”.

El siguiente vuelo duró muy poco, menos de una hora, ya que desde Zaragoza hasta Madrid tampoco había mucho recorrido. Miguel cogió el autobús que iba desde Madrid hasta Segovia, y una vez en su ciudad natal se dirigió a su antigua tienda, que ahora era una peluquería. Llamó a su mujer y le dijo que fuesen a la peluquería “El Acueducto”, ella preguntó para qué, el le dijo que fuese para allá y que ya vería. La mujer de Miguel y sus dos hijos fueron para la peluquería y no vieron a nadie, entonces Miguel salió detrás de una columna y todos quedaron sorprendidos, sin palabras ¡ahí estaba Miguel! La familia se abrazó los cuatro lloraron de felicidad, de alegría, de emoción. Estaban emocionados, no querían separarse de aquel abrazo.

La mujer de Miguel empezó a preguntarle como estaba, que tal el trabajo… Miguel tuvo que contar su experiencia en Alemania, que por mala suerte no había acabado, pero él intentaba olvidar que tarde o temprano tendría que volver. En los últimos días que quedaban de Navidad la familia paseó por el centro de Segovia, volvió a ver el apreciado Acueducto, y sobre todo disfrutaron de volver a estar unidos aunque fuese solo una semana.

Claudia llamó el día antes de los Reyes Magos para preguntarle a Miguel que tal lo estaba pasando, este le dijo que muy bien, que todavía le quedaba mucho por disfrutar y que el próximo día vería a sus hijos abrir los regalos que les habían traído los Reyes Magos. Esa noche fueron a la cabalgata de Reyes; había mucha gente y la cabalgata fue preciosa: los Reyes Magos iban montados en unos camellos de verdad, había muchas carrozas, animales… los hijos de Miguel se hincharon a coger caramelos y se les veía muy ilusionados. Esa noche fue mágica, de las mejores que había pasado.

A la mañana siguiente, los hijos de Miguel lo despertaron a él y a su mujer para que viesen los regalos:

Para Javier había una cámara de fotos y un balón de fútbol, también había una pequeña carta en la que ponía:

“Creemos que eso te va a gustar Javier, esperamos que te lo pases bien estas Navidades y que disfrutes mucho con tu padre que pronto tendrá que volver a Alemania.

Con cariño: Melchor, Gaspar y Baltasar.”

Para Marta también habían dos paquetes, uno era una muñeca muy bonita y el otro un vestidito de color rosa que le quedaba muy bien, también había otra carta para ella que decía:


“Esperamos que te guste lo que te hemos traído Marta. Sabes que tu padre te quiere mucho y aunque esté en Alemania nunca te olvidará. Disfruta estos últimos días con él.

Con cariño: Melchor, Gaspar y Baltasar.”

Miguel disfrutó ese día como nunca, y se dio cuenta de lo mal que pasaban los inmigrantes la Navidad sin su familia, y todo por el trabajo, por el dinero ¿por qué no podrían cambiar las cosas?, en estos tiempos los inmigrantes tienen que dejar su tierra y su familia para lanzarse a una aventura que no saben como va a acabar.

Entonces se acordó de que no le había dado el colgante de oro a su mujer, y se lo puso en el cuello, ella se sorprendió y dijo: -no te tendrías que haber molestado amor. – y se le saltaron las lágrimas.

En el colgante ponía: ANA (que era el nombre de su mujer).

Llegó el día en el que Miguel tenía que partir de nuevo rumbo a Berlín, se despidieron todos, hasta acompañaron a Miguel a Barajas. Allí hicieron la última despedida, una despedida con esperanzas de volverse a ver pronto y de que todo volviera a la normalidad dentro de poco. Miguel cogió el avión hasta Berlín. También pagado por Claudia, Miguel compró una pequeña figura del acueducto de Segovia para Claudia.

Al tiempo ascendieron a recepcionista a Miguel, ya sabía alemán a la perfección y tenía el suficiente dinero para volver a Segovia, pero esta vez para quedarse allí para siempre. Claudia ya había vuelto a España y le había cedido su puesto de trabajo, quedaron en verse y le dijo: – no te deprimas, pronto volverás a casa.

Esas palabras se quedaron gravadas en la mente de Miguel pero lo que nunca olvidará fue la bonita Navidad que pasó en Segovia con su familia. Y desde esa Navidad, todas las que pasó, y las que le quedan por pasar, las vivirá disfrutando de la familia y no dándole importancia al dinero, y siempre pensando en los inmigrantes que por causa de trabajo, no la pueden disfrutar con sus seres queridos, que es lo que de verdad desean.

FIN

Manuel Gil Rodríguez 2 º C

MILAGRO EN NAVIDAD

 

 

En las navidades, la gente suele reunirse en sus casas con su familia, se prepara una comida muy grande y se reparten regalos entre todos. Hay otra clase de navidad, aquella donde todas esas cosas buenas de abrir los regalos, de poder ver a tu familia reunida, se convierten en un deseo inalcanzable. Es la navidad que pasan las personas ciegas como Claudia. 2039688435_daea3baece_o1

Claudia es una niña de 7 años, ciega, que aún sin poder ver nada tiene muchas esperanzas de algún día ver el mundo que le rodea, esos regalos, esa familia reunida. Para poder ver, Claudia tendría que someterse a una operación muy cara que sus padres no le pueden pagar. Sus padres tienen puestos anuncios por toda la ciudad por si alguien les puede prestar el dinero o dárselo, pero todavía no ha llamado nadie. A pesar de todo, Claudia tiene la esperanza de que un día pueda someterse a esa operación y vivir como una niña de su edad. Claudia vive en un pequeño pueblo de Córdoba llamado Santaella, donde tiene sus amigas y su familia, que la ayudan a llevar de la mejor manera posible esta dura enfermedad. Claudia se quedó ciega a los 4 años, desde entonces su enfermedad le ha dado fuerzas para seguir adelante. Es muy estudiosa y trabaja mucho con su ordenador. En su escuela hay un aula con ordenadores para personas ciegas que utiliza muy a menudo.

Sus padres, Ester y Antonio, intentan que su hija se olvide un poco de su enfermedad en navidad. En nochebuena toda la familia de Claudia está reunida comiendo, su tía Amelia la ayuda a comer y todos parecen contentos. De repente, suena el teléfono y la madre de Claudia lo coge. Una voz dulce y aguda responde:

-Buenas noches, ¿usted es la madre de Claudia Romero Carrasco? Perdone por molestarle en estos momentos, pero me ha parecido que debía darles la noticia este día. Mire, yo soy enfermera en el hospital Reina Sofía de Córdoba. Vi su anuncio y he hablado con el médico que atiende el tipo de operaciones como el caso de Claudia y me ha informado de que no tiene ningún inconveniente en que su hija se opere gratuitamente en el hospital.milagro1

En los ojos de Ester brotaban lágrimas de alegría, lágrimas que esperaban algún día salir por la llegada de esta noticia tan deseada. Cuando Ester colgó el teléfono y comunico a la familia y a Claudia la noticia, todos abrazaron a Claudia y ella, sin creérselo todavía, abrazo a sus padres y disfrutaron esa noche mucho más todavía.

Claudia fue operada el día 28 de diciembre, a las 9 y media de la mañana. A los pocos días, llegó el momento que todos esperaban, a Claudia le quitaron las vendas de los ojos. Tardó algunas horas en ver con claridad y por fin pudo ver a su familia y amigos. Ese fue su regalo de navidad, un regalo que no todos los niños como Claudia reciben.

 

 

 

Beatriz Arcos Aguilera 2ºC

UN AMOR POR NAVIDAD

Todo ocurrió en torno al mes de Diciembre. Transcurría un monótono día 13, un lunes como otro cualquiera. Se acercaban las fechas navideñas y María aún no había preparado nada. << ¿Para qué? >>, pensaba para sí misma. <<Es estúpido, no tengo a nadie con quien celebrar unas fechas de paz y amor como lo son las navidades…>>.

 

La muchacha, como cada día laboral, fue a trabajar a su oficina de correos, como siempre, como todas las navidades. Ella era la encargada de supervisar las cartas, máxime en estas fechas que muchas eran cartas navideñas. De repente llegó su jefe con un muchacho a su lado.

 

Buenos días, María – dijo su jefe.despacho3801

 

Buenos días, señor.

 

María se encontraba algo cohibida ante aquella situación. ¿La razón?, muy sencillo: el joven que había junto a su jefe era realmente hermoso… Lucía un estupendo traje de color negro, con una corbata azul cielo, a juego con sus hermosos ojos. Éstos últimos tenían un brillo particular, eran… diferentes. El muchacho, de nombre desconocido aún por María, no dejaba de observarla con detenimiento, sin perderse un solo detalle.

 

-María, te presento a Raúl, un nuevo compañero. Necesito que lo acompañes a conocer la empresa. Es un recién llegado y va a ser tu compañero estas navidades, creo que tienes mucho trabajo por delante.

 

– Descuide señor. Estoy a su disposición. Encantada – le dijo al joven –. Me llamo María.

 

– Igualmente.

 

– Espero que tengas una buena estancia aquí, Raúl.

 

– Gracias.

 

Los días iban transcurriendo, y María y Raúl iban haciéndose buenos compañeros, e incluso entablaron una pequeña amistad. Los jóvenes, ilusionados ante la perspectiva de tener a alguien con quien pasar un buen rato en el trabajo, deciden que deben verse más a menudo. De esta manera, quedaron la tarde del día siguiente para ir a tomar algo juntos.

 

Llegó la tan esperada tarde y ambos llegaron a la vez, algo tarde para la hora a la que habían quedado. Los muchachos se sonrieron y, de repente, ambos se ruborizaron.

 

Hola preciosa, disculpa el retraso – dijo Raúl.

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No te preocupes Raúl, hemos llegado al mismo tiempo.

 

Bueno, ¿entramos?

 

Sí por supuesto. ¿Qué tal te fue el día?

 

Bien pero… te eché algo de menos – dijo Raúl.

 

Vaya…, yo también – contestó María con un tono rojizo encendiendo sus mejillas-. ¿Con quién pasarás las navidades?

 

Mucho me temo que solo, pero envié mi deseo. ¿Tú lo hiciste ya?

 

¿Esa tontería de enviar una carta pidiendo un deseo por navidad?

 

Sí, ¡pero no es una tontería! Si tienes fe, el espíritu de la navidad llegará y cumplirá tu deseo.

 

Bueno, bueno, la enviaré. Pero que conste que lo hago por ti…

 

La tarde transcurrió sin novedades, y tras un par de horas de estar juntos por ahí, decidieron regresar a sus respectivas casas.

 

Al día siguiente, día 25 de Diciembre, el día de Navidad, el muchacho acudió furtivamente a la oficina. Encontró la carta que María le había prometido escribir, la abrió y la leyó:

 

‘’ Querido espíritu de la navidad, lo único que pido este año, es que por estas fechas haya alguien con quien poder compartirlas.

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Felices Fiestas: María’’

Al leer esta carta, Raúl comprendió lo que eso significaba, y podría por fin cumplir su cometido en estas fechas de amor y paz, y a la vez, el deseo que ardía en su corazón más que nunca.

 

Fue corriendo a casa de María, por el camino compró un ramo de rosas para ella, y el resto del camino fue constantemente con una sonrisa en la cara y la ilusión y el amor a flor de piel.

 

Cuando el joven muchacho llegó a su destino, picó al timbre de su portal, y la muchacha, algo extrañada ante la amena sorpresa que le deparaba ese día, abrió.

 

¡María, he de hablar contigo! – dijo el joven entusiasmado.

 

Cuéntame, querido, ¿qué has de hablar conmigo que te trae a estas horas por mi casa y con tal entusiasmo en tu mirada?

 

Antes de decir nada…, creo que ambos hemos de mirar encima de nosotros…

 

Los dos alzaron la vista, no habló el joven con malicia ni mentira, pues justo encima de ellos había un pequeño y hermoso muérdago. Cuentan las historias que cuando un muérdago se encuentra sobre una pareja, ambos deben besarse. Y así sucedió. Los muchachos, sin saber muy bien por qué, deslizaron sus rostros hasta que ambos se encontraron tan unidos que resultarían imposibles de separar. Cuando los jóvenes se separaron, no pudieron evitar ruborizarse por la escena que ambos acababan de protagonizar juntos.BXP57294

 

He de contarte algo, el deseo que le pediste al espíritu de la navidad lo verás cumplido, pero sólo si tú lo deseas.

 

Por supuesto que lo deseo, ¡lo deseo con toda mi alma!

 

Entonces…, ¿gusta la dama pasar las navidades junto al espíritu de la navidad, ahora dentro del corazón del joven Raúl?

 

¿Eres el espíritu de la navidad?untitled

 

Lo soy. Mi misión cada año por estas fechas es llenar los corazones de aquellas personas que piden un deseo cuando se encuentran solas, pero mi destino este año has sido tú. Estos días junto a ti me he dado cuenta de que tú, María, has robado mi corazón. Espero que no decidas abandonarlo nunca, pues su destino está atado al tuyo.

 

Solo he de decir seis palabras: Te quiero, mi amor de navidad.

 

Y así, como cada año, el espíritu de la navidad llenó el corazón de una persona entre tantas de las que cada año necesitan a alguien a su lado, alguien con quien compartir unas fechas de amor, paz, amistad y familia.

 

 

María del Mar Román Estébanez.

 

 

 

 

 

 

FELIZ ENCUENTRO 

 

Tras los cristales de la estación del tren, unos ojitos miraban como la nieve caía copiosamente. Óscar era un niño que abandonaron en una puerta, el 24 de diciembre. Jamás conoció ni a su madre ni a su padre. Fue criado en un hospicio, donde las ratas y las cucarachas eran mejor miradas que él. No tenía zapatos y sus ropas estaban llenas de remiendos. Pasaba las horas pidiendo limosnas en la estación del tren. Apenas tenía 6 años y ya había vivido muy malos momentos. Hasta que un día se escapó de los cuidadores del hospicio, donde pasaba hambre y era maltratado todos los días.

 

Cuando Óscar dormía en un banco de la estación, un señor no paraba de mirarlo. El hombre pensaba en su hijo, que tendría su misma edad. ¡Qué mala suerte la del señor! Tiempo atrás, a él y a su esposa le robaron del carrito a su bebé. Lo curioso es que, cuanto más lo miraba, más parecido le encontraba a él de pequeño. Este hombre era un abogado que estaba económicamente muy bien. Unos delincuentes fueron a su bufete y juraron vengarse por haber metido en la cárcel a su padre. Cuando su mujer dio a luz en el hospital el 24 de diciembre, los delincuentes se disfrazaron de médicos y les robaron a su hijo. Les dejaron una nota que decía:”24 de diciembre. Nos quitaste a nuestro padre, nosotros te quitamos a tu hijo”. Fue buscando por todos los rincones de la ciudad. Fueron las navidades más tristes de su vida. Del niño jamás se supo nada. Los delincuentes lo abandonaron en un portal.

 

El señor se levantó de su asiento y cogió a Óscar en brazos, con su carita sucia. Al cogerlo, el niño se asustó porque no lo conocía y comenzó a decir:

 

– Señor, señor, yo no le he hecho nada. Por favor, no me pegue, por favor.

 

– No, no te asustes. ¿Dónde están tus padres? -dijo el señor.

 

Óscar lo miro con lagrimas en los ojos y le contestó que no tenía.

 

– Pero, ¿tú qué haces hoy, en este día tan frio, con la nevada que hay, aquí afuera y no estás en casa? -preguntó el hombre-.

 

El niño le respondió: Pero es que nadie me quiere.

 

– ¿Quieres venir a mi casa y, si quieres, al día siguiente buscamos a tus padres?

 

Óscar abrió los ojos grandes y vio en la cara de ese hombre unos ojos llenos de ternura, que él jamás había visto. Óscar accedió y se cogió de la mano del hombre.

 

– ¿Cómo te llamas? -preguntó el señor.

 

– Me llamo Óscar –respondió.

 

El hombre se quedó sorprendido porque se llamaba igual que su hijo. Óscar se sacó de su bolsillo un cordoncito que llevaba desde pequeño al cuello con una cruz. El hombre, al ver el cordoncito, no se lo podía creer, ése era el mismo que ató al cuellecito de su bebé. Cada vez presentía que la búsqueda estaba a punto de acabar. No se lo creía, esto era un milagro.

 

Se dirigieron a la casa, tocaron y la mujer abrió la puerta. Vio a su marido con un niño mugroso y desvalido.

 

– ¿Quién es querido? –preguntó.

 

– Míralo bien y di a quién ves -le dijo.

 

La mujer no podía contener las lágrimas mientras abrazada al niño: ¡No puede ser!

-exclamaba-, ¡esto es un milagro!

 

Óscar miraba con asombro y se preguntaba por qué sabía esa mujer su nombre. La mujer no paraba de llorar. Óscar se lo pregunto y ella le contestó: Soy tu madre, te hemos buscado mucho tiempo.

 

Óscar no se lo podía creer, lloró de felicidad. -¡Por fin tengo papás! –decía. Y todos, contentos y felices, pasaron una maravillosa navidad.

 

                                                                                            C. Lucía Salmerón Simón 2ºC

 

 

 

 

LA NAVIDAD DE LUCAS

 

            Érase una vez un niño llamado Lucas que vivía en una gran ciudad, llena de rascacielos y en la que todo era trabajo y prisas. Su familia, como la de los demás, estaba siempre ocupada: su padre era empresario y casi nunca veía a su hijo porque se iba al trabajo a las siete de la mañana y volvía a las nueve de la noche; su madre era reportera y viajaba por todo el mundo, así que era muy difícil que la viera; y su hermana estaba estudiando en la universidad de Oxford. Así que él sólo estaba con sus abuelos, por lo tanto, estaba deseando que llegara la Navidad para reunirse con su padre, su madre y su hermana. Era ya la última semana de colegio y Lucas esperaba con ansia las llamadas de su madre y hermana diciendo que ya estaban de vuelta, y las vacaciones de su padre para poder reunirse con ellos y hablar de sus experiencias.

El miércoles por la tarde, mientras Lucas hacía la tarea, llamaron por teléfono. La abuela lo cogió y cuando colgó tenía a Lucas enfrente preguntándole:

          ¿Quién era?,  ¿es mamá o mi hermana?

        ¡Has acertado! Es tu hermana, ya ha cogido el avión y está de camino -dijo la abuela.

Lucas estaba muy contento. Dos horas después llamó su padre diciendo que mamá había cogido el avión de vuelta desde México, que había sido su último destino. Pero dio la casualidad de que su madre y su hermana llegarían a la ciudad con solo diez minutos de diferencia y así sólo tenían que ir una vez al aeropuerto.

El jueves, después del colegio, llegó a su casa, dejó la mochila, comió y se fueron los abuelos y él hacia el aeropuerto. Eran las cuatro y anunciaron por megafonía que el avión procedente de Inglaterra estaba entrando en pista. En cuanto Lucas vio a su hermana saliendo, fue corriendo a abrazarla. Le preguntó cómo le había ido y si había aprobado el trimestre. Ella le contestó que sí, que le había ido muy bien y que tenía para él un regalo. Todos se quedaron esperando a que llegara el avión que traía a mamá y, en ese momento, apareció el padre de Lucas por la puerta de entrada. Todos se abrazaron. Después vieron en el panel que el avión procedente de México estaba llegando a pista. Entonces los abuelos, que estaban más atentos, vieron como su hija (la madre de Lucas) estaba entando en el aeropuerto. Fueron a saludarla y ella, loca de contenta, les dijo que el reportaje en México fue un éxito. Todos se marcharon a casa.

Al día siguiente, montaron el árbol de Navidad y lo decoraron entre todos, también el Belén, que era lo que mejor se le daba a Lucas. Más tarde cenaron juntos, era lo que más deseaban después de estar tanto tiempo separados.

Sergio Pastor Giménez 2º C 

 

1 comentario »

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  1. las imagenes son preciosas se las recomiendo ,unbesote para mi amor diego


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