Reflejo vampírico

5 junio 2010 a las 08:01 | Publicado en Relatos-poemas | Deja un comentario

Miré a mi alrededor, la cabeza me daba vueltas, no sentía nada de mi cuerpo, ni siquiera sé como podía pensar. Me dolía todo y más aún la parte del cuello. Alguien me tocaba, distinguí una sombra blanca, me fijé atentamente, era una enfermera. Estaba en el hospital y había perdido el conocimiento.

De pronto, empecé a recordar, antes de ingresar estaba en mi casa, algo o alguien se abrazó hacia a mí y me mordió, me sobresalté y perdí el conocimiento. Ahora me encuentro aquí, la enfermera hace rato que se fue, estaba sola, o al menos eso parecía. Sentí unas ganas inmensas de comer algo de carne pero no carne animal sino humana. Comer y saborear todos y cada uno de los enfermeros con buena salud que ahí aquí, beber toda la sangre rojiza… Pero, ¿en qué pienso? La perdida de conocimiento me está afectando a las neuronas, siempre me ha dado asco cada vez que me salía sangre por la nariz, ¿cómo puedo estar pensando en beber sangre? Me incorporé como pude, suerte que no había nadie, busqué una taquilla con la cual di rápidamente y cogí mis pertenencias, eran pocas, así que me vestí rápidamente, me enorgullecí por la velocidad que me había recuperado. Era increíble, hace minutos no podía moverme y ahora estaba vistiéndome yo sola. Terminé. Me arreglé el pelo como pude y salí al exterior. Un pasillo muy estrecho para ser un hospital, pero no cabía duda de que lo era. Cada cual se dirigía a su habitación, por suerte pasé desapercibida, monté en el ascensor y descendí hasta la última planta. Por fin conseguí salir de aquel infierno. Me alegré al poder respirar aire puro, inspiré con todas mis ganas y expiré. Dije: – Vamos a ver, ahora me dirigiré a casa de mis padres, que ahora los pobres deben de estar muy preocupados.

Y pensé que era raro que no estuviesen conmigo en el hospital, esperando mi recuperación, me tranquilicé y no le di mucha importancia.

Me dirigía a pasos rápidos a mi casa, tenía unas ganas enormes de volverlos a ver, pero al cruzar la esquina que separaba mi casa de mí, me di cuenta de una cosa, no estaba el coche de mi padre. Quizás estuviesen de compras, aunque con una hija ingresada en el hospital, lo dudo… Fui a extraer las llaves del bolsillo, pero… ¡no estaban! Se me habrían caído, así que sin más remedio llamé al timbre. Tal vez estuviesen mis hermanos, pero allí no había nadie. Me senté en el bordillo de la puerta y esperé…

Esperé… Esperé…

Las 22:00 y nadie había vuelto aún. Me acordé de pronto que quizás la puerta de atrás  estuviese abierta, di la vuelta, y… ¡Sí! ¡Estaba abierta! Entré y me pareció oler un poco a humedad, subí a mi cuarto y todo se encontraba tal y como yo lo había dejado, menos una cosa. Encima de mi cama había un sobre, ponía: Para Kristen.

Abrí y leí:

Hola Kristen, quizás te hayas dado cuenta de que te están pasando cosas raras, ante todo no se lo cuentes a nadie, no alarmes nada, ten calma y ante todo sigue los pasos que daremos.

Atentamente: Mamá y Papá

Continuará…

Juani Cazorla   3º de ESO

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