Relato para la Noche de Todos los Santos

22 octubre 2011 a las 00:23 | Publicado en Relatos-poemas | Deja un comentario

EL ESPEJO

  Siendo todavía un niño, me llamó la atención una historia contada por una vecina acerca de los peligros que encierran los espejos. En ella narraba como una niña, demasiado presumida, se pasaba las horas frente al espejo, pavoneándose y admirando su belleza como si de el mismo Narciso se tratase. Tanta era su obsesión por su belleza que finalmente se le apareció Satán reflejado en la luna del espejo.  La pasión de la niña lo había atraído desde los infiernos para que le vendiese el alma, a cambio de la juventud y hermosura eterna.

  La historia había despertado en mí un cierto respeto a los espejos, y durante mucho tiempo los evitaba, temiendo que el Príncipe de las Tinieblas, empujado por mi vanidad,  se dignara a hacerme una visita valiéndose del mismo medio.

  Con el correr de los años y ya con la mentalidad de una persona adulta comprendí  el verdadero mensaje de aquel relato. En esos días lejanos de mi niñez, en esa atmósfera asfixiante que la moral religiosa imperante imponía, no ocurría como en la actualidad, que se le da prioridad a lo material, a lo artificial y a lo meramente superfluo. Por el contrario, se pretendía educar a los jóvenes con otros valores, y se les hacía ver que la belleza era algo efímero, con los días contados, y que lo verdaderamente importante era el interior de las personas, el cuidado del alma que es eterna. La idea no era mala. Lo que no estaba nada bien era la manera en que se enfocaba, siempre desde la perspectiva del pecado y del miedo a la condena divina de arder para siempre en los infiernos. La enseñanza se basaba en el temor, en aterrorizar a la gente para así poder controlarla y manejarla mejor.

  Hace unos días me he mudado a un apartamento nuevo, muy céntrico, en un edificio restaurado y construido en el siglo XVIII. Las vistas desde el balcón sobre la ciudad son en verdad encantadoras, y los grandes ventanales que posee hacen del apartamento un lugar bien ventilado e iluminado. Es el mejor hogar que he tenido hasta ahora.

  El dormitorio es bastante espacioso, decorado con verdadero gusto, y bastante tranquilo, al menos en apariencia. La primera vez que entré en él me llamó la atención la presencia de un espejo colgado en la pared. Me llevé un sobresalto, pues me dio la impresión de que era otra persona la que me miraba desde el interior del espejo y no mi propio reflejo.

  Van pasando los días y una extraña sensación se está adueñando de mí poco a poco. Todo empezó cuando una mañana me miré en el espejo y me vi totalmente demacrado, como si hubiese envejecido diez años de repente. Esa noche había dormido al menos siete horas seguidas y no había motivo para estar cansado. Me vi completamente distinto, como si otro hubiese ocupado mi lugar, y lo que verdaderamente llegó a asustarme fue la extraña mirada que vi en mis propios ojos. Una mirada llena de angustia y terror.

  Ayer, mientras leía un libro tumbado en le cama sentí escalofríos. Alcé la vista del libro y noté que, pese a que ya se había puesto el sol, una luminiscencia plateada, como la luz de la luna, parecía reflejarse en el espejo, dando a la habitación reflejada un color y una atmósfera muy diferente a la que reinaba en la habitación real. Sentí verdadero pánico. Respiré hondo, y tras unos minutos de indecisión, finalmente opté por salir de allí cuanto antes e ir a la calle a respirar el aire que me faltaba.

  Después de tomar un café he regresado. No estoy borracho ni he consumido droga. Para vencer a mis propios miedos he entrado en el dormitorio sin encender la luz. Me he acercado al espejo y se han confirmado todos mis temores. Primero parecían manchas, como las que salen en las lunas de los espejos viejos, luego se tornaron en sombras y ahora veo reflejada mi silueta oscura rodeada de otras sombras que poco a poco se van estrechando en torno a mí. Son los que están en el otro lado. Es una de las formas que tienen para contactar con los que habitamos en esta realidad. Son tan ciertos como nosotros. No me cabe la menor duda. Viven en el otro lado del espejo y a veces nos quieren hablar de sus temores y desdichas.

 Javier Carrasco

                                                                                                                                                                                            

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